Los perros son malos padres

“los perros son estupendos padres… para los cachorros humanos”.

Aunque casi todas las personas que han vivido con perros pueden evocar uno o dos casos excepcionales, los perros son pésimos padres.

Los machos muestran muy poco interés por sus propios hijos. ¿Qué ha llevado al perro a perder sus habilidades paternales?

Darwin notó hace mucho que el pato en estado silvestre es fiel a su pareja, mientras que el pato doméstico no: algo, sin duda, se ha perdido en el proceso de domesticación. El ganso común elige una pareja después de un largo periodo de cortejo y permanece monógamo toda la vida. Los gansos domesticados, en cambio, se emparejan, pero no parece importarles con quién ni practican la monogamia.

Por lo que sé ningún animal macho domesticado apoya a la hembra en la crianza.

No le importan las crías; no las defiende; no las alimenta.

En los animales domésticos hemos logrado extinguir cualquier dejo de paternidad natural que hubiera existido en los progenitores en su estado silvestre.

Pero en materia de perros, en mi opinión, algo mucho más profundo entra en escena. Los perros son casi idénticos genéticamente a los lobos (tienen menos de uno por ciento de diferencia) y también en términos de comportamiento. En cierto sentido, un perro no es más que un lobo.

Con respecto a la manada, en cambio, existe una gran diferencia entre ambos. Nosotros somos la manada de los perros; la familia humana reemplaza a la jauría lobuna.

El meollo del asunto es que los lobos son malos padres para sus propios hijos, pero no para los nuestros.

Un perro macho es muy protector con los niños humanos pues, en lo que a él respecta, son los cachorros de la manada. Dado que (por lo general) ningún perro es el macho alfa en una situación humana, y casi nunca se le permite establecer un lazo monógamo con una hembra, sería raro que un perro macho considerara a los cachorros que nacen hijos suyos.

Mi especulación es que el instinto paterno no ha sido erradicado del todo, solo ha sido transferido a otra especie.

Así como los perros a veces actúan como nuestros propios hijos, también, a veces, se comportan como los padres de nuestra verdadera progenie. Los perros protegen a los niños humanos, los custodian, caminan a su lado, incluso intentan instruirlos y juegan con ellos de la misma forma en que un lobo protege y juega con sus crías.

Los lobos son estupendos padres para los cachorros lobunos; los perros son estupendos padres para los cachorros humanos.

Tomado de Jeffrey Moussaieff Masson, The Evolution of Fatherhood: A Celebration of Animal and Human Families, Ginny Glass and Untreed Reads Publishing, San Francisco, 1999.