Andrea Castillo

Guanajuato.- Para los mexicanos el mes de diciembre representa una temporada ideal para compartir en familia, reencontrarse con los amigos, descansar y llenarse de buenos deseos y dejar atrás lo que en el año transcurrido no salió como se esperaba, agradecer lo que se logró y proponerse nuevas metas para recibir el siguiente año con energías renovadas.

Aunque en México la mayoría de celebraciones son de carácter religioso, en varios lugares del país estas se adaptan imprimiéndole la personalidad típica de la región, el país es enorme y aun así algunas se comparten y otras son muy particulares, pero lo que, si es cierto, es que es una fecha que jamás pasa desapercibida.

Desde las preparaciones previas que incluyen el ‘poner un nacimiento en algún rincón de la casa´, y que se retira hasta el 2 de febrero, hasta reunirse a preparar comida en grandes cantidades y que solo se consume en esas fechas.

Las posadas son una tradición previa muy de los mexicanos. Estas celebraciones inician 9 días antes de la Navidad. En ellas se hace una representación del recorrido que San José y la Virgen María hicieron a Belén buscando un lugar para hospedarse horas antes del nacimiento del Niño Jesús, durante esta procesión, los participantes encienden velas y cantan el pedimento de posada y finalizan con villancicos al concluir el recorrido en la casa de alguno de los participantes, cada noche es en una casa diferente, el anfitrión reparte ponche y aguinaldos de dulce a los ‘peregrinos’, se rompen piñatas y se queman luces de bengala.

La celebración puede ser cerrada y familiar, pero generalmente se acostumbra incluir a los vecinos y así dividirse los días.

Llegado el 24 de diciembre, en lugares del norte del México se reúnen cerca de las 8 de la noche a rezar el rosario y posteriormente cenan en familia. Lo más recurrente son el pavo y los tamales de frijol o pollo y se acompaña con refresco o algo para brindar de postre, la ensalada de manzana con crema es infaltable.

En el centro del país se acostumbra hacer un cántico muy específico, al que se le llama ‘arrullamiento’, se realiza en la oscuridad y solo es alumbrado por velas y lucecitas de bengala, el objetivo es ‘dormir’ al recién nacido y darle calor y compañía. Al finalizar el cántico, se besa la imagen del Niño Dios del nacimiento anfitrión y a los asistentes se da a cambio una ofrenda de dulces al que se le llama ‘beso’, este ritual es en las horas previas a la cena, que comienza hasta las 12 de la noche. Los tamales de carne de puerco en chile rojo y rajas con queso y dulce con atole champurrado son infaltables. También se hacen buñuelos con atole blanco y como postre hay ensalada de manzana con frutos.

En la capital mexicana el bacalao, los romeritos, el pavo es lo más común, acompañado de bebidas de fiesta.

En el sur, el lomo horneado es lo más común, se acompaña con refresco y ensalada de frutas, las cenas son cerca de las 10 de la noche y a concluir se abrazan en familia y se colman de buenos deseos.

Los climas, las frutas y la región en la que se esté es lo que marca como se vive esta fecha. Religiosamente, se acostumbra ir a misa antes de la cena el 24 o bien, asistir hasta el 25, para cumplir con la tradición.

Los momentos de algarabía y agradecimiento abundan en esta fecha, mientras que los procesos reflexivos se viven a fin de año.

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