Redacción

Ciudad del Vaticano.- Ante un templo Vaticano poco o nada se pareció al del pasado en una fecha festiva tan señalada como esta, en la que se conmemora el nacimiento de Jesús de Nazaret, y representa una de las festividades más importantes y concurridas del año litúrgico, si no la que más.

Durante su homilía llamó a servir a los demás: “Tú que me salvas, enséñame a servir. Tú que no me dejas solo, ayúdame a consolar a tus hermanos, porque desde esta noche todos son mis hermanos” fueron las palabras con las que el pontífice concluyó su mensaje de Nochebuena, en una basílica de San Pedro enrarecida.

En esta ocasión el papa estuvo acompañado únicamente por sus concelebrantes y aproximadamente ciento cincuenta fieles, religiosos, religiosas y residentes del Estado pontificio, todos separados y con mascarillas.

Francisco se preguntó por qué el mesías nació de noche, pobre y rechazado, sin un alojamiento digno: “Para hacernos entender hasta qué punto ama nuestra condición humana: hasta el punto de tocar con su amor concreto nuestra peor miseria”, sostuvo.

Por esa razón este periodo de renovación espiritual se antepone a la conducta de los hombres de nuestro tiempo que “hambrientos de entretenimiento, éxito y mundanidad” alimentan sus vidas “con comidas que no sacian y dejan un vacío dentro”.

Porque las personas, dijo, “hablamos mucho, pero a menudo somos analfabetos de bondad”.

Así, llamó a atender a las necesidades del prójimo: “Su amor indefenso, que nos desarma, nos recuerda que el tiempo que tenemos no es para autocompadecernos, sino para consolar las lágrimas de los que sufren”.

Esta solemne ceremonia desde hace varios años no se celebra a medianoche pero en esta ocasión ha tenido que ser adelantada aún más, en dos horas y media, a las 19.30 locales (18.30 GMT), para respetar el toque de queda nocturno impuesto en toda Italia.

Esto debido a que el Gobierno italiano confinó a su población durante los días grandes de estas fiestas y sus vísperas y solo se permite salir de casa por razones de necesidad.

En la mañana del 25 de diciembre Francisco leerá su mensaje de Navidad e impartirá la bendición “Urbi et Orbi” dentro del Palacio Apostólico y no desde el balcón de la logia central de la basílica de San Pedro.

Durante las próximas horas se decidirá si volverá a asomarse a esta balconada para una bendición silenciosa ante una Roma confinada, como hizo el pasado 27 de marzo, cuando bendijo al mundo ante una plaza vacía, oscura y lluviosa, en los peores momentos de la crisis sanitaria.

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