Eran dos menores los descuartizados y que un hombre llevaba en un diablito

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Redacción

México.- Fue la noche del pasado 31 de octubre que un individuo fue detenido por llevar en un diablito varias bolsas con restos humanos, descuartizados. Hoy se dan a conocer sus rostros y edades, tenían 12 y 14 años de edad.

De acuerdo con la Fiscalía General de Justicia capitalina Alan Yahir de 12 años de edad, y Héctor Efraín de 14 años, fueron asesinados la noche del 27 de octubre, después descuartizados y llevados a ‘desaparecer’.

Un individuo fue identificado como Édgar Zuñiga, alias ‘El Zuñiga’, de 39 años, fue quien sacó los restos y trató de engañar a las autoridades fingiendo ser un adicto indigente al que le habían pagado por sacar botes y cajas con basura.

Se supo que los jovencitos fueron asesinados y desmembrados en una vecindad de la calle República de Chile,  en donde operan miembros de La Unión.

Los menores vivían en el Centro Histórico donde supuestamente se dedicaban al comercio con sus papás.

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Habían desaparecieron tras acudir a festejar a San Judas Tadeo,  asistieron a la iglesia de San Hipólito y más tarde Héctor le pidió a Alan que lo acompañara a ver a su novia, desde entonces no se supo nada de ellos.

La joven asegura que Héctor nunca llegó, pues lo esperaba para ir a unos arrancones de motocicletas a Iztapalapa.

El sujeto trabaja para Eduardo ‘R’, alias El ‘Chori’ y para José David ‘H’ alias ‘El Chayan’.

Aunque la familia de los menores asegura que se dedican al comercio, las autoridades tienen indicios de que mantenían relación con los distribuidores de droga y extorsionadores de La Unión que operan en la zona.

Según la columna Héctor de Mauleón durante la semana de la desaparición de los jovencitos se reportaron las ejecuciones de otros dos personas, apenas mayores de edad, que se relacionaban con la Unión Tepito.

El periodista manifiesta que quedó más claro que nunca el otro horror de la Ciudad de México, en el que los niños son carne de cañón del crimen organizado y las canteras del crimen son las vecindades del centro.

Agrega además que el único futuro posible para muchos de los menores es ser reclutado desde los siete, ocho o nueve años para robar, vender droga, cobrar extorsiones y matar. El único futuro posible es volverse parapeto de los verdaderos dueños del Centro, y acabar en pedazos dentro de una bolsa de plástico que alguien va a tirar de madrugada.

RC

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