Ecos de un 28 de septiembre, un recuento de lo vivido en Irapuato

Irapuato.- Un grupo de mujeres protestaba por el centro histórico de Irapuato mientras que la policía las seguía a la distancia para evitar  la ‘vadalización’ con gises del patrimonio público

El 28 de Septiembre es el Día de Acción Global por un Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

En el V Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe allá por  1990 en Argentina, la Asamblea del Movimiento Feminista Latinoamericano, tomando en cuenta que las complicaciones por el aborto inseguro y clandestino  es la primera causa de mortalidad de las mujeres en muchos de los países de la región, decidió declarar el 28 de septiembre como el Día por la Despenalización del Aborto.

Esa ola de intensificada voz femenina se ha replicado año con año, y hoy, 30 años después, es una batalla que sigue en pie, algunos países ya lograron que la libertad de decidir sea suya por derecho, otros siguen en la búsqueda de, pero todas en pie de lucha.

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No vayamos tan lejos, en nuestro México, hay 32 estados, y solo en 2 de ellos la despenalización del aborto ha sido aprobada, porque la justicia nacional a veces aplica y a veces no, a veces manda cada estado, y a veces no, pero eso ya lo sabíamos… Nos toca luchar otras 30 veces, para que cada mujer y niña de este país tenga la posibilidad de decidir por sí misma.

La marcha de ayer fue peculiar, este último año se ha tornado en una pesadilla para las mujeres mexicanas, el 8 de marzo, Día de la Mujer se convocó a una mega marcha nacional para exigir la justicia por las entonces, 10 mujeres asesinadas AL DÍA en territorio nacional, el 9 de marzo se implementó la consigna #ElNueveNingunaSeMueve para que, cada mujer de este país desapareciera por 24 horas, tratando de visibilizar esta realidad tan jodida a la que nos enfrentamos a diario: salimos de casa, pero ni nosotras sabemos si vamos a volver.

Hasta el registro del mes de agosto fueron asesinadas en calidad de feminicidio 2,240 mujeres en México, solo en los primeros siete meses de 2020, esto de acuerdo con cifras oficiales.

Demostrado quedó que no es la hora del día, no es la edad, no es el lugar al que asistes ni como ibas vestida, los ataques y la brutalidad se ha manifestado contra mujeres de 70 años y pequeñas de 6 meses de edad, en la papelería de enfrente, al  ir a la tienda de la esquina, hubo quien salió al mercado y jamás volvió; quien iba a recoger a sus hijos a la escuela y nunca llegó por ellos, y peor aún, quien nunca salió si quiera de casa y la muerte vino a encontrarla, las condiciones son las mismas: golpeadas hasta el cansancio, violadas, desnudas, humilladas, sin vida

Entramos en el proceso de cuarentena por la pandemia, que limitó la vida social y la interacción pública en todo el país  y… ¿cuál fue el resultado?  Un panorama desolador, y es que, estando en casa, la cifra se elevó a ser 11.5 mujeres mexicanas al día que pierden la vida bajo condiciones de violencia que se catalogan como feminicidio. Aun en su propio hogar, y a manos de quien nunca se vió venir: padres, esposos, abuelos, novios, tíos, padrastros, primos, hermanos, amigos… Hombres que juraron defenderlas y cuidarlas, son quienes les arrancan la vida, y eso duele todavía más.

Las colectivas ayer no solo salieron a exigir el derecho al aborto legal, sino que su grito va más allá, es exigir la seguridad de cada ciudadana, garantizar la protección de cada mujer.

Caminábamos por la calle cerca de las 6 de la tarde, el bloque de manifestantes sumaban quizá 50 mujeres, que en un lapso de no más de un kilómetro fueron aplaudidas por algunos que comulgan con el movimiento, y agredidas por muchos otros que, hasta ignorantemente las acusaban de ser partidarias o defensoras de una postura política que NADA tiene que ver con el motivo de su manifestación. Muy de cerca, del otro lado de la avenida, seguían el contingente un grupo de uniformados de la policía municipal, detrás de ellas, agentes de tránsito que poco o nada hacía por facilitarles la vialidad, sino simplemente observaban desde las espaldas, y seguían la caminata.

Ellos mismos atestiguaron los insultos que llegaron a manifestar los transeúntes y conductores alrededor, pero nada se hizo al respecto.

Se procedió por la calle Guerrero, justo hasta llegar a las puertas del Estadio Irapuato, ahí los policías se detuvieron y se concentraron en una glorieta, mientras que pedían refuerzos, para sumar cerca de 30 elementos, hombres en su totalidad, y  quienes al notar la presencia cercana de los medios, decidieron pedir al apoyo de elementos femeninos, para repeler la “vandalización” de patrimonio público, que consistía en simples letreros con gis en las banquetas y alguna etiqueta con consignas feministas cada cierta distancia, en los postes y los anuncios publicitarios, sí, esos  que tan llenos de información están siempre, esos mismos donde cuelgan incontables anuncios en campaña y préstamos fácil y sin aval.

Colocaron un par de etiquetas y varios letreros con gis en la estatua de “El Flaco” Belmonte, en las afueras de la legendaria puerta 7 de Sergio León Chávez, sí, en la misma que tenía una placa conmemorativa de bronce cuando la develaron y que le fue robada 24 horas después.

Pasaron a la glorieta del monumento a la bandera, esquivando carros de conductores que acrecentaron la velocidad, y algunas otras lograron encontrar alguien que les cediera el paso, mientras los agentes policiales y de tránsito solo observaban.

Los colores comenzaron a salir de entre ellas, el verde y el morado pintaron el cielo por unos instantes, y el grito que se fortalecía “MUJER, ESCUCHA, ¡ÉSTA  ES TU LUCHA!”, erizaba la piel de quien pudiera oírlas, no se necesita más que un minuto de detenimiento para darse cuenta que no es en contra de algunos, sino en defensa de todas.

Los elementos llegaron a una velocidad bastante sorprendente, y cercaron de pronto a las manifestantes, quisieron arremeter contra el contingente, pero estaban rodeados de periodistas, mujeres en su mayoría, que solo esperábamos desde nuestra trinchera el actuar coloquial en esas situaciones, darle voz más fuerte a todo aquello que debe ser conocido, de la manera más fidedigna posible. Al verse cercados por cámaras y fotografías, dimitieron y le dieron paso a los elementos femeninos, quienes impulsadas por la presión del momento, comenzaron forcejeos y empujones que no dieron resultado ni desataron una trifulca, sino que propiciaron una cadena humana de feministas que se cuidan entre ellas, cerraron filas, “la poli no me cuida, me cuidan mis amigas”, gritaban  cada vez más fuerte.

Llegó el momento en el que uno de ellas alzó la voz y leyó las demandas del movimiento; y ¡sorpresa! las premisas de las manifestantes no son descabelladas, exigen educación de calidad, el acceso a la educación sexual en cualquier nivel, la posibilidad de acceder a métodos anticonceptivos de manera gratuita, y el respeto a  la salud reproductiva, que de hecho incluye el aborto, como lo que  es: un derecho humano fundamental, y que  no por eso es una realidad; “¡Ninguna mujer se embaraza porque quiere abortar!” dejaban muy en claro, no se trata de obligar, es defender el derecho a decidir. Ir en contra de consignas moralistas relativamente nuevas, si las comparas con los remedios naturales que han pasado de mujer a mujer por decenas de generaciones, si las sobrepones a tendencias políticas regidas por un concepto religioso impuesto a base de condicionamiento y sangre, en un país que se autonombra laico y soberano.

Sí a veces hubo que quemar, y hubo que romper, y es porque las opciones se acabaron, es porque nos cansamos de  gritar, de pedir, de apegarnos a las leyes, de tener que esperar 72 horas para que un elemento nos ponga atención, y cuando la necropsia acaba, te notifican que a quien perdiste murió tres horas después de su desaparición, se comentó entre las experiencias, “¡Ojalá fuera monumento, para que me cuidaran tanto!”.

Tengamos memoria histórica, ninguna libertad, derecho o beneficio se logró pidiendo por favor, hubo que quemar y que romper,  hubo que matar y hubo que morir para conseguir tantas de las cosas que tenemos por añadidura hoy en día: ser libre, votar, usar pantalón, llamarnos un país soberano, el acceso a la salud, a la educación, al agua potable, desde siempre, desde el inicio de los tiempos, toda la historia está plagada de levantamientos de minorías que parecían estar fuera de lugar para su tiempo, y que terminaron demostrando que tenían la razón, y que, como lo dicen los cantos revolucionarios, hay que  comprender que la guerra del hoy es la paz del futuro , quizá hoy ya no es necesario llegar a tanto, porque hay una ”ley que nos respalda, y que nos rige”, pero el detalle está en que siguen muriendo día con día mujeres en total impunidad, los archivos, las denuncias, las órdenes de restricción y las carpetas de investigación se archivan  por montones, y de nada sirve.

RC