Cubrebocas y guantes: especulación, coyotaje y otras pésimas prácticas (Primera parte)

Por Saúl Arellano

El uso generalizado del cubrebocas enfrenta en México dos limitaciones: la primera, de orden ideológico, debido a la pésima política de comunicación de las autoridades gubernamentales, las cuales han desdeñado la relevancia de su uso para la prevención de la COVID19.

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La segunda es de orden comercial y afecta sobre todo el uso de cubrebocas de calidad en el sector salud y en sectores de la producción en que es indispensable, y donde la disponibilidad de mascarillas de la mejor calidad está reservada a una fracción muy pequeña del personal de salud. En este artículo me centraré en esta segunda dimensión del problema.

Consultando a expertas y expertos en el tema, al parecer hay consenso respecto de que los mejores cubrebocas o mascarillas en el mercado para proteger al personal de salud, son los denominados como N95 y que produce con la mayor calidad la empresa 3M.

Sobre la relevancia de estas mascarillas, el Massachussets General Hospital explica: “Las mascarillas N95, técnicamente consideradas respiradores, tienen este nombre por su capacidad de filtrar el 95% de las partículas del ambiente usando electricidad estática… La electricidad estática junto con el ajuste a medida y las mínimas fugas hacen de la mascarilla N95 una opción extremadamente efectiva, pero no son necesarias para el público en general… Las N95 son suministros críticos que deben reservarse para los trabajadores de la salud y otros equipos de primeros auxilios, de lo contrario los estamos exponiendo a un tremendo riesgo”.

La semana mundial del cubrebocas o mascarilla

Debe decirse además en México también hay disponibles mascarillas denominadas como KN95, las cuales responden a los estándares chinos de producción y se supondría que tienen la misma capacidad de filtración de partículas que las N95.

El pasado 3 de agosto la Organización Mundial de la Salud (OMS) puso en marcha la llamada Semana Mundial de la Mascarilla, para promover el uso generalizado del cubrebocas. En México, como es un tema tabú instigado por el vocero oficial del gobierno, este llamado tuvo muy poco éxito y prácticamente nula difusión masiva del gobierno de la República.

Sobre el particular, el Director General de la OMS afirmó: “Además de ser uno de los instrumentos fundamentales para detener el virus, la mascarilla ha ‎llegado a representar la solidaridad”. Desde esta óptica, la relevancia que tiene este insumo para prevenir la propagación del virus del Sars-COV-2, que provoca la COVID19, es totalmente clara.

El “coyotaje” de los cubrebocas

¿Qué está pasando en México en este tema? De acuerdo con varios distribuidores consultados, en México hay una importante escasez de este tipo de mascarillas, lo que ha dado origen a procesos de acaparamiento, especulación, alza irracional de precios y, también, la generación de pésimas prácticas comerciales que llegan a ser de alto riesgo para la seguridad de quienes las llevan a cabo.

Todo lo anterior deriva en un mercado descontrolado, en el que los precios por mayoreo oscilan, por ejemplo, entre 100 y 105 pesos más IVA por pieza -en los niveles más bajos-, hasta 180 pesos más IVA en los de mayor costo.

En medio de esos márgenes, las autoridades de salud de todos los órdenes y niveles del gobierno, están enfrentando dificultades para adquirir este tipo de máscaras, optando en muchas ocasiones por las de peor calidad, poniendo en riesgo con ello la vida de parte del personal de salud que no tiene otra opción que el uso de mascarillas de baja calidad, en ocasiones por negligencia de las autoridades, pero también en otros casos, a causa de la no disponibilidad debido al alto costo generado por los especuladores.

En medio de tanto caos, urge que las autoridades mejoren sus sistemas de compra y desarrollen mecanismos de búsqueda inteligente de proveedores, a fin de tener los mejores productos al más bajo precio, y puedan poner al alcance del personal más sensible estos productos que hoy pueden hacer la diferencia entre la vida y la muerte de personal médico y de enfermería.

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