Agotamiento por compasión

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Dr. Saúl Arellano.

En la más reciente emisión de México Social en el Canal Once, en diálogo con Mario Luis Fuentes, la doctora Rebeca Robles, investigadora del Instituto Nacional de Psiquiatría, presentó datos sumamente preocupantes: al menos el 40% del personal de salud de nuestro país presenta síntomas de estrés severo o de otros trastornos y padecimientos mentales y Agotamiento debido a la enorme carga de trabajo que han tenido durante los primeros nueve meses que llevamos prácticamente de pandemia.

Se trata de una cuestión más que preocupante, porque si de algo carece nuestro país es de servicios suficientes, en cantidad y calidad, de salud mental, para la población en general, pero también para el personal especializado que, en esta ocasión, está lidiando con el más severo evento pandémico que ha enfrentado la humanidad en los últimos cien años.

Lidiar todos los días con la enfermedad y la muerte debe ser uno de los trabajos más extenuantes, en lo físico y en lo emocional. No debe ser sencillo ver morir todos los días a personas que claman por ayuda, que no quieren dejar a sus familias solas, y que, en muchos casos, no pueden siquiera despedirse de sus familias.

Todo existente busca perseverar en su ser, diría el filósofo Baruch de Spinoza, y en efecto, es difícil creer que alguien no quiere realmente morir; incluso el suicida, argumentaría Unamuno, la mayoría de las veces busca escapar de esta existencia para arribar a una nueva y mejor.

Hay un enorme malestar entre el personal de salud, por lo anterior, pero también porque no han tenido, a lo largo de la pandemia, el apoyo y los recursos suficientes para hacer su trabajo en condiciones dignas, porque lo que están tratando de preservar es justamente la dignidad de la vida humana. Se les ha negado incluso el acceso a lo más elemental, y se les han regateado momentos de necesario y merecido descanso.

México no ha manejado apropiadamente la pandemia; a pesar de la narrativa oficial, es claro que hay miles de muertes que pudieron haberse evitado; como igualmente claro es que la indolencia y el cálculo político han tenido más peso que la responsabilidad y la consistencia ética de quienes toman las decisiones.

En el citado diálogo, la doctora Robles mencionó un término cuyo contenido es altamente significativo: agotamiento por compasión, un trastorno en el cual las personas terminan agotadas debido a estar durante periodos prolongados ayudando a otros a aliviar su dolor; a sobrellevar la angustia, el miedo, la pesadumbre de la enfermedad y la pérdida.

¿Cuánto dolor puede presenciar una persona sin enfermar? ¿Cuánta muerte puede presenciar un ser humano, aun estando preparado para lidiar con la enfermedad, como es el caso del personal médico? ¿Cuánta ansiedad puede soportar una persona, educada y entrenada para salvar vidas, ante la posibilidad real de la derrota diaria y la realidad de la derrota que nos ha impuesto el virus del Sars-Cov-2?

Agotamiento por compasión: un término digno de ser reflexionado, porque nos sitúa ante los límites materiales y efectivos de ayudar a los otros. No es falta de voluntad, es que no es humano presenciar un espectáculo tan horrendo como el de la muerte de miles de personas. Nadie está preparado para eso.

Es urgente y prioritario que la Secretaría de Salud fortalezca las capacidades de atención de la salud mental de todo su personal; porque esto no va a terminar pronto; quedan varios meses de lucha frenética contra le enfermedad y la muerte; y de no actuar de manera ética y responsable, se va a condenar a cientos de trabajadores de la salud a mayor malestar, mayor tristeza, mayores sentimientos de abandono.

Hay quienes de tanto ayudar, enfrentan esto llamado “agotamiento por compasión”; y en las antípodas, en los espacios más altos de la toma de decisión, hay quienes ni compasión son capaces de sentir, y por eso merecen ser llamados indolentes.

Investigador del PUED-UNAM

Sigue al Dr. Saúl Arellano en Twitter:  @saularellano

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